Hace apenas unos días se conmemoró el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha que la Organización Mundial de la Salud (OMS) aprovecha cada año para recordar que el bienestar psicológico es una prioridad de los sistemas de salud contemporáneos. La OMS define la salud mental como “un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, poder aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a la mejora de su comunidad”. Añade, además, que constituye un derecho humano fundamental y un pilar esencial del desarrollo personal, comunitario y socioeconómico.
Sin embargo, a pesar de este reconocimiento, la realidad muestra que la salud mental sigue sin ocupar el lugar que merece en la agenda laboral y social. En España, el agotamiento profesional o burnout se ha consolidado como uno de los grandes desafíos de salud pública. Según el Estudio Internacional de Salud Mental de AXA (2024), el número de bajas laborales vinculadas a trastornos mentales se ha duplicado en los últimos ocho años, pasando de 283.912 en 2016 a 600.184 en 2023. Paralelamente, el consumo de psicofármacos continúa en ascenso: más de 4,6 millones de personas toman antidepresivos a diario, un 45% más que hace una década. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST, 2023) advierte que hasta un 32 % de la población ocupada vincula sus problemas de salud con condiciones adversas del trabajo, lo que sugiere que los riesgos laborales psicosociales son un factor determinante de malestar psicológico. Aunque existen técnicas para gestionar estos riesgos, el INSST reconoce que muchas empresas aún no las aplican de forma continuada ni sistemática, lo que agrava una situación cada vez más compleja. En este contexto, las bajas por problemas de salud mental representan el 10 % del total de incapacidades temporales en España, y además tienen una duración media muy elevada, de 108 días de promedio, situándose entre las más prolongadas junto con las derivadas de tumores o enfermedades cardiovasculares (El País, 3 de mayo de 2025).
Estos datos reflejan como el burnout tiene un gran impacto en el bienestar psicoemocional de las personas, que las puede repercutir en diferentes aspectos de su vida. Pero también apuntan a una necesidad emergente en las empresas, ya que todas las personas diagnosticadas con burnout son susceptibles a solicitar la baja laboral, lo que puede repercutir en importantes pérdidas económicas.
¿Qué es realmente el burnout?
El término burnout (en español es traducido como “agotamiento”) se popularizó en la década de 1980 gracias a los trabajos de Christina Maslach y Susan Jackson (1981), quienes lo definieron como un síndrome psicológico de agotamiento emocional, despersonalización y falta de realización personal que surge como respuesta prolongada a situaciones de estrés crónico en el trabajo. Desde entonces, numerosos estudios han confirmado que este estado no solo afecta al bienestar emocional, sino también al rendimiento, la motivación y la salud física de quienes lo padecen.
Aunque durante años se asoció principalmente con las profesiones de ayuda y cuidados—como la docencia o la sanidad, que son las más afectadas—, hoy se reconoce como un fenómeno transversal, presente en todos los sectores. En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo incluyó en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) como un fenómeno ocupacional, subrayando que se trata de una consecuencia del estrés laboral crónico que no ha sido gestionado con éxito. Es decir, de situaciones laborales negativas y prolongadas donde no ha habido una intervención psicológica adecuada.
En Minday lo vemos habitualmente: personas que llegan con una mezcla de cansancio, frustración, estrés y desconexión de su propio propósito profesional. Una docente de secundaria lo resumía así:
“Ya no era solo el cansancio… era levantarme y sentir que daba igual cuánto esfuerzo pusiera, todas las clases eran iguales y ninguna iba bien”.
Otro paciente, enfermero en una unidad de cuidado paliativos, describe una sensación de progresivo distanciamiento emocional:
“Me di cuenta de que empezaba a tratar a los pacientes como números. No por falta de empatía, sino porque la carga de trabajo no permitía pensar. Después llegaba a casa y me sentía frustrado y desanimado”.
Y un tercero, ingeniero en una empresa tecnológica, compartía algo que escuchamos con frecuencia:
“Intentaba desconectar los fines de semana, pero el cuerpo seguía tenso y mi mente ya pensaba en el lunes, como si no fuera nunca a llegar a todo el trabajo. Dejé de disfrutar de mis hijos y de mi familia”.
Estos relatos reflejan lo que la investigación científica describe: el burnout no aparece de la noche a la mañana, sino que se construye lentamente, a través de un desequilibrio constante entre las demandas y la propia capacidad para abordar el día a día laboral.
Causas que alimentan el burnout
El burnout no surge de un día para otro. Es el resultado de factores organizativos, emocionales y económicos que se acumulan hasta agotar la capacidad de adaptación de las personas. Según los principales informes sobre salud laboral en España —como el del Ministerio de Sanidad (2023) y el del INSST—, la causa más citada es la carga de trabajo excesiva o poco realista, señalada por el 41 % de los empleados españoles. Este tipo de presión no solo desgasta físicamente, sino que erosiona la resistencia emocional. Sentirse sobrecargado sin los recursos o apoyos adecuados dificulta mantener la motivación o el sentido de eficacia, aumentando así la probabilidad de agotamiento.
En segundo lugar, se encuentran las largas jornadas laborales, mencionadas por el 33 % de los trabajadores. La dificultad para desconectar y el avance del trabajo híbrido han difuminado los límites entre la vida personal y la profesional. Un 16 % de los empleados reconoce experimentar estrés por estar siempre disponible o tener que responder fuera del horario laboral, una tendencia que se asocia al fenómeno de la hiperconectividad digital.
Otro factor destacado son los salarios o prestaciones inadecuadas (26 %). Cuando la remuneración no se ajusta al esfuerzo ni al coste de la vida, el malestar se vuelve también económico, intensificando la sensación de desamparo. Esta desconexión entre el esfuerzo y el reconocimiento contribuye a la despersonalización, una de las dimensiones centrales del burnout: el trabajador se distancia emocionalmente de su tarea y de sus compañeros, como mecanismo de defensa frente al desgaste.
El panorama es especialmente preocupante entre los trabajadores jóvenes. En el grupo de 18 a 24 años, las largas jornadas laborales son el principal factor de estrés (44 %), seguidas de la falta de reconocimiento o aprecio (31 %). En esta etapa, el trabajo se vive como una búsqueda de identidad y de proyección futura; por eso, no sentirse valorado o no ver recompensado el esfuerzo genera frustración y desafección emocional.
En definitiva, las causas del burnout no son múltiples y afectan al bienestar mental de muchas personas. Por eso, abordarlas requiere una mirada integral que combine el acompañamiento psicológico con la transformación de las dinámicas laborales.
¿Qué podemos hacer para abordar esta situación?
Desde Minday somos un equipo de psicólogos preparados y con experiencia tanto con corporaciones como con particulares que atraviesan estas dinámicas de agotamiento, desconexión o crisis profesional. Y creemos que no basta con reaccionar: es imprescindible un abordaje riguroso basado en la evidencia científica.
A continuación, presentamos algunas propuestas (individuales, grupales y organizativas) que trabajamos en Minday:
- Evaluación de riesgos psicosociales y auditoría del clima mental
Antes de diseñar intervenciones, es esencial diagnosticar: qué aspectos del puesto, de la carga, de los roles y de la cultura organizativa están tensionando al personal.
Muchas empresas carecen de aplicación continua de directrices técnicas para gestionar estrés y riesgos psicosociales. - Formación para mandos intermedios y liderazgo psicológico
Es fundamental que quienes ejercen supervisión sepan detectar signos de desgaste emocional, sepan modular exigencias y acompañar procesos. Es necesario capacitar a los directivos para que dispongan de herramientas que les permitan prevenir el estrés en el entorno laboral y dar respuestas a aquellas personas trabajadoras que ya lo sufren. - Espacios de acompañamiento psicológico
- Consultas o sesiones de acompañamiento confidencial (individuales o grupales) que permitan procesar emociones, reflexionar sobre la carga, reorganizar expectativas.
- Talleres de psicoeducación (gestión del estrés, autocuidado, resiliencia aplicada).
- Sesiones de “supervisión psicológica” para que los trabajadores cuenten con un espacio de reflexión profesional continuo.
- Diseño de intervenciones organizativas
Es muy recomendable intervenir a nivel organizativo para abordar la raíz del problema de forma holística, algunas acciones a realizar son:
- Revisión de la carga y distribución del trabajo (redistribuir tareas, establecer descansos, evitar sobrecargas crónicas).
- Clarificación de roles (evitar ambigüedad, roles cruzados).
- Flexibilidad real y políticas de desconexión digital (reducir el tiempo fuera de jornada que permanece “activo”).
- Introducción de pausas deliberadas, sesiones de reflexión grupal, espacios de escucha periódica.
- Fomento de cultura de reconocimiento, feedback constructivo y comunicación transparente.
Trabajar bien también significa sentirse bien
Si alguna vez te has sentido agotado, desconectado o al límite por tu trabajo, no estás solo. Cada vez más personas atraviesan etapas de saturación emocional que no se resuelven con un descanso corto ni con fuerza de voluntad. En Minday creemos que trabajar bien también implica sentirse bien, y que el rendimiento sostenible solo puede construirse sobre el bienestar psicológico.
Estamos comprometidos con la prevención y el acompañamiento emocional, tanto con personas como con empresas. Contamos con las herramientas clínicas necesarias para ayudarte a recuperar el equilibrio emocional, reconectar con tu propósito profesional y favorecer entornos laborales más saludables.
Ya sea desde nuestra consulta psicológica, en un proceso de intervención dentro de tu empresa, o mediante programas diseñados a medida, nuestro objetivo es el mismo: que cuidar la salud mental en el trabajo deje de ser una excepción y se convierta en una práctica establecida.